A comienzos del siglo XX, la
expansión de la ganadería ovina en la Patagonia argentina provocó una intensa
persecución de los pumas (Puma concolor),
considerados una amenaza para las ovejas. La caza sistemática provocó una
reducción drástica de sus poblaciones hasta su casi desaparición en amplias
zonas del litoral. La ausencia de este gran depredador terrestre abrió una
oportunidad ecológica para los pingüinos de Magallanes (Spheniscus magellanicus), que comenzaron a colonizar sectores
continentales de la costa desde las islas cercanas. Sin pumas merodeando por tierra firme, los pingüinos
encontraron condiciones óptimas para establecer colonias reproductivas
estables. En 2004, la creación del Parque Nacional Monte León marcó un punto de
inflexión. La protección de una extensa franja del litoral favoreció el retorno
del gran felino a sus territorios ancestrales. Pero entre las presas potenciales ahora había grandes colonias de pingüinos,
algo inédito en la historia moderna.
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